jueves, 24 de junio de 2010

Créase o no.


"Parados desde otro lugar, los argentinos, con la lucidez y la firmeza que permite la calma, le expresaron a toda la clase dirigente argentina, y de un modo más que contundente, su nueva demanda: "Ya me compré la batidora, ahora quiero un proyecto". Ven que el mundo se quedó sin receta. Y que se esfumó ese falso halo mágico de edén que siempre se le pretendió dar. Clausurado Ezeiza como la puerta de entrada al paraíso, mejor ponerse a pensar en qué hacemos con lo que tenemos. Y eso implica debatir y diseñar qué país queremos."

Llegamos a esta nota publicada en el diario La Nación gracias a Diego F. de Mundo Perverso, vale la pena leerla completa y reflexionar un ratito o ¿no?.

Algún día teníamos que empezar a entender que algo olía mal en Dinamarca.

Bueno, igualmente y solo por las dudas, nos despedimos como siempre esperando que la mano invisible nos proteja y hasta la crisis que viene.

viernes, 4 de junio de 2010

doña Rosa SE DEJA...

MARX
(colaboración especial para el Blog LaECO)


la economía y el MUNDIAL
una visión cuasi propia de NOSTRADAMUS

si Ud. cree que aquí se lo está tomando por BOLUDO, clickeé aquí

y después me cuenta

martes, 1 de junio de 2010

Lo que para unos cuantos todavía no esta claro.



George Smith Alexander y Sugata Ghosh entrevistaron el pasado 6 de mayo a Jospeh Stiglitz para la revista india Economic Times.




"Lo que está claro es que la política que se sigue ahora en Europa es errónea. La política actual busca imponer una austeridad extrema. Eso terminará con una economía más débil y con menores ingresos fiscales, de modo que la reducción de los déficits será mucho menor de la esperada. Es un tipo de austeridad que fracasó ya en la Argentina. La política actual, que dice que lo que tienes que hacer ahora es sobre todo librarte del déficit, no funcionará, y empujará al mundo a una segunda zambullida o, cuando menos, a una ralentización a escala planetaria. "


Joseph
Stiglitz
fue Premio Nobel de Economía en 2001.
Traducción para www.sinpermiso.info: Mínima Estrella. (nota completa)


A que somos unos cuantos argentos los que todavía no lo tenemos en claro.

Y como siempre nos despedimos, deseando que la mano invisible nos ayude y hasta la crisis que viene.

jueves, 27 de mayo de 2010

El primer centenario, la búsqueda del paraíso perdido y los desafíos del tercer centenario.







El Bicentenario ha motivado en el último tiempo la publicación en diferentes medios de notas de todo tipo: algunas referidas a los personajes directamente ligados a la propia Revolución de Mayo, cuyo pensamiento político y participación en aquellas jornadas históricas siempre vale la pena recordar; otras han emprendido la tarea de elegir las figuras más destacadas de estos 200 años, donde desde San Martín hasta Maradona la pelea por el primer lugar en el ranking de preferencias incluye a los más variados personajes. Finalmente, aparecen también opiniones que no resisten la tentación de comparar ambos centenarios con el objetivo de emitir “balances”
. Nota completa aquí.



Para resolver estos desafíos, que seguiremos enfrentando en el tercer centenario, es indispensable liberarnos de las ideas hegemónicas de los centros de poder mundial, es decir, de lo que Arturo Jauretche denominaba la “colonización cultural” y Raúl Prebisch el “pensamiento céntrico”. Es preciso consolidar una visión propia, nacional, de nuestra realidad y nuestros problemas, para vincularnos con el orden mundial conservando el comando de nuestro propio destino. Esto es condición necesaria para formular y ejecutar una política económica que permita mantener el orden de la macroeconomía, la solvencia fiscal, la competitividad, la estabilidad razonable de los precios, indispensables para poner en marcha un proceso incesante de acumulación.

Es necesaria también para resolver los problemas más ríspidos que vinculan la distribución del ingreso con la estructura productiva, como los tipos de cambio diferenciales, el régimen impositivo y la política de crédito. Es indispensable, asimismo, para comprender que los recursos financieros, el ahorro y el crédito, están, en lo fundamental, dentro de las fronteras nacionales y abandonar la hipótesis neoliberal que sin crédito ni inversión extranjera, el desarrollo es imposible. Tanto el crédito como la inversión extranjera sólo son útiles cuando complementan y no sustituyen el ahorro interno, la iniciativa empresaria nacional y la acción promotora de las políticas públicas.
Nota completa aquí.


domingo, 2 de mayo de 2010

el indec x los del indec

“La falta de credibilidad del Indec es una construcción mediática” Por Néstor Leone
Ana María Edwin, Norberto Itzcovich y Claudio Comari,
máximas autoridades del Indec, responden a los principales cuestionamientos sobre el organismo... enlace

domingo, 25 de abril de 2010

Un déjà vu los proyectos económicos de Yrigoyen y el Congreso

Por Mario Rapoport

Si existen en nuestro pasado gobiernos que han padecido al mismo tiempo, como el actual, el rechazo de la oposición política en el Congreso y el de los grandes medios de difusión de su época no fueron, como podría creerse, los del peronismo, que tuvieron siempre, al menos, el soporte de amplias mayorías legislativas, sino las dos administraciones radicales de Hipólito Yrigoyen.

En el año 1916, en el que Yrigoyen asumió el gobierno, sus partidarios eran minoría en diputados y senadores, mientras que en el resto de su primer mandato, 1918-1922, el líder radical logró una mayoría en la Cámara baja pero nunca la tuvo en el Senado. A su vez, en el período de su vuelta al poder, entre 1928 y 1930, le ocurrió lo mismo, salvo que a sus opositores de siempre, en especial los conservadores, se les sumaron los radicales antipersonalistas, que venían del mismo tronco político pero se transformaron en sus enemigos más acérrimos. Además, tendría en forma casi permanente la gran prensa en contra, tanto la “seria” –La Nación o La Prensa– como la “popular” –el famoso diario Crítica de Botana– en este caso sobre todo en el último período. Se dice que el pasado no explica el presente, sólo lo ilumina, pero es mejor leerlo a la luz de alguna vela que en plena oscuridad.

Decía con elocuencia el hoy poco recordado líder radical Moisés Lebensohn, prematuramente fallecido, fundador y verdadero ideólogo en los años ’40 de la rebelde intransigencia, que tuvo en su seno a figuras luego más conocidas como Frondizi y Balbín: “... el jaqueo a las reformas de Yrigoyen fue implacable. Constituyó la expresión despiadada de una clase que se aferra al statu quo y permanece insensible ante los padecimientos del pueblo y de la nacionalidad. El daño inferido al desarrollo nacional surge de la sola enunciación de los proyectos orgánicos de Yrigoyen, frustrados por la oposición legislativa” (Prólogo a Hipólito Yrigoyen: pueblo y gobierno, Raigal, 1954). Y esa enumeración era larga, iba desde los contratos colectivos de trabajo hasta salario mínimo, Código de Trabajo, jubilaciones y pensiones de empleados del comercio, la industria y el periodismo; cooperativas agrícolas; régimen de explotación del petróleo; creación de una marina mercante nacional; plan de vinculación ferroviaria entre las provincias de norte y del oeste y muchas otras. “Desde el Senado y la Cámara de Diputados, desde la prensa y la judicatura, desde las posiciones llave del mundo económico y de la ‘inteligencia’, la oligarquía le combate (a Yrigoyen) acerbamente... Nueve décimas partes del periodismo lo ataca con saña, le zahiere, le tuerce sus palabras y retuerce sus propósitos.” Expresiones que cobran relevancia en el anfiteatro actual de la política argentina.

Pero desde el punto de vista económico resulta interesante el rechazo a cuatro de sus proyectos de ley principales: la creación de un Banco de la República; la de un Banco Agrícola; la reforma del régimen tributario, en especial la implementación del impuesto a los réditos; y la imposición de derechos a la exportación. Parece que estuviéramos hablando de temas coyunturales pero no es el caso. En 1917, el ministro de Hacienda de Yrigoyen, Domingo Salaberry, propuso la conformación de un Banco de la República sobre la base de capitales estatales y la garantía por parte de la Nación de todas sus operaciones. No era el Banco Central de 1935 con mayoría de capitales privados –resultaba más parecido a la reforma que hizo Perón en 1946– aunque tenía todas las funciones de un banco de ese tipo: desde emitir moneda y hacer redescuentos hasta regular los cambios y las tasas de interés. La intención era practicar políticas contracíclicas regulando la cantidad de dinero y de crédito para que no escaseara en épocas de iliquidez ni sobrara en coyunturas de auge. Pero el Senado rechazó el proyecto y, en cambio, en 1927, ya con Alvear en la presidencia, se aprobó la reapertura de la Caja de Conversión, por la cual presionaban los intereses agroexportadores a fin de detener la revaluación del peso que se había producido debido a una reactivación coyuntural de la economía. El retorno a una tasa de cambio fija impulsaba de hecho una devaluación de nuestra moneda. Pero la medida resultó un fracaso y el propio Yrigoyen, de nuevo en el gobierno en 1928, tuvo que cerrar la Caja frente a la fuga de capitales hacia Wall Street impulsada por el auge previo a la crisis mundial que estallaría en octubre de 1929.

El mismo destino adverso para Yrigoyen tuvo en 1919 un proyecto de impuesto a los réditos. Para el Poder Ejecutivo el sistema argentino basado en los gravámenes aduaneros era deficiente y dependía en forma exclusiva de los avatares del comercio exterior. Sostenía que el nuevo impuesto resultaba el más equitativo (“la fórmula fiscal de la democracia” argüían en el debate parlamentario los diputados radicales) y se aplicaba ya en muchos países. Frente a la difícil situación financiera y el creciente déficit fiscal, su objetivo era obtener nuevos recursos evitando cualquier reducción de gastos basada en la eliminación de empleados públicos o en la disminución de las prestaciones sociales públicas, o sea, las que hoy denominamos políticas de ajuste.

El proyecto aplicaba una cuota fija progresiva sobre las personas físicas y jurídicas. La escala progresiva variaba del 0,5 por ciento para las rentas más bajas al 7 por ciento para las mayores. Las sociedades anónimas y demás comerciales y civiles tenían una tarifa especial según sus utilidades, que podría llegar hasta el 20 por ciento en aquellas que superaran el 50 por ciento de beneficios. Recién en 1931 Prebisch redactó un proyecto con el mismo propósito que el Congreso, con mayoría conservadora, antes opuesta al que presentaron los radicales, aprobó sin cuestionamientos en 1932.

También Yrigoyen presentó al Parlamento, y fue rechazado, un proyecto de creación de un Banco Agrícola cuyo objetivo era llevar “a los trabajadores del campo la posibilidad de movilizar y aprovechar sus capitales sin disminuir sus propias energías”. Estaba dirigido especialmente a los agricultores de menores recursos que no disponían de líneas de crédito accesibles. Igual suerte tuvo otro proyecto que aplicaba derechos a la exportación mediante una suma fija del 5 por ciento sobre el valor de los frutos o productos del país y del 2 por ciento sobre mercaderías de origen extranjero, sustituyendo el tan engorroso y poco productivo sistema de aforos, que se calculaban mensualmente y daban lugar a la subvaluación de los productos, por un derecho fijo fácilmente realizable. La “mesa de enlace” de esa época, expresada en las organizaciones agropecuarias, puso el grito en el cielo y la sensible mayoría conservadora en el Senado se opuso en bloque.

Frente a tanta oposición, que le impedía gobernar, Yrigoyen presentó en el Congreso, en 1921, un proyecto de ley que sometía a la Corte Suprema la posibilidad de dirimir esta cuestión basado en los términos de la misma Constitución, que permitía al Poder Ejecutivo dictar las leyes necesarias para ejercitar los poderes concedidos al gobierno de la Nación. Ese proyecto fue igualmente rechazado por la mayoría del Senado. Como señala una autora refiriéndose al impuesto a la renta: “la oposición, durante aquellos años, estuvo sistemáticamente en contra de otorgar a su adversario político mayores recursos financieros que pudieran dar autonomía a sus propuestas” (A. Montequin, en revista Ciclos N° 9, 1995). Dime qué historia te cuentan y te diré quién eres.

sábado, 17 de abril de 2010

¿Se cocina un nuevo orden internacional?


Desde los años 70, cuando el Movimiento de Países no Alineados levantó la bandera de la revisión del sistema económico internacional, no se escuchaba una reivindicación tan consistente como la que lanzaron esta semana en Brasil los líderes de las principales potencias emergentes.

En el espacio de una jornada, el jueves 15 se realizaron dos reuniones en Brasilia destinadas a tener amplias repercusiones: las cumbres de gobernantes del Foro de Diálogo IBSA (India, Brasil y Sudáfrica) y del grupo BRIC (Brasil, Rusia, India y China).


Análisis de Beatriz Bissio. ( Leer nota completa aquí)